En la búsqueda de poder ser más felices, existe un acertado camino y, es a través de la espiritualidad.
Mucha de la infelicidad, tristeza, y pesimismo que se vive en estos tiempos se debe al desequilibrio entre lo material y espiritual, a que no sabemos alimentar nuestro interior.
Esto hace que se caiga en el vacío existencial, en no saber el verdadero propósito de nuestro existir, convirtiendo nuestra vida en algo sin sentido, sin poder crear la energía necesaria para saber afrontar lo bueno y lo malo que nos toca vivir en el día a día.
La espiritualidad es tener un buen reconocimiento de nuestra identidad espiritual y de los valores que necesitamos para vivir, es estar seguros de lo que valemos y, del aporte que queremos dejar en este mundo, a través de nuestras acciones diarias, es el camino para llegar a sentirnos más felices.
La espiritualidad es “una ciencia que busca encontrar las respuestas de quiénes somos, qué somos, por qué estamos aquí, de dónde venimos y a dónde vamos después de morir . La espiritualidad es un despertar a la conciencia divina que está dentro de nosotros.
Aprendemos a ser espirituales, cuando nos enseñan a compartir con nuestros hermanos, cuando aprendemos a ceder, a perdonar y pedir perdón, cuando nos enseñan la compasión, la caridad, cuando aprendemos que hay un Dios o un ser superior que es amor y, que podemos recurrir a él cuando lo necesitamos.
Dicen que la espiritualidad nunca se puede disociar de nuestro estilo de vida, que es una energía no-material que gobierna nuestra forma de actuar frente a las personas y acontecimientos diarios. “Así como existen leyes que gobiernan la materia, del mismo modo hay leyes espirituales.
La espiritualidad podemos practicarla a través de la amabilidad, del altruismo, de la generosidad, la solidaridad, el voluntariado, de estimular la esperanza, el amor y el bienestar del mundo, de buscar el verdadero propósito de nuestra existencia.
Aunque en un principio todo esto os parezca muy idílico, esta práctica, que se refuerza con la meditación, permite que nos sintamos más felices y conectados con nuestro interior.
Comienza tu día en paz, sin apuros. Por la mañana, si debes despertarte a una hora determinada, pon el reloj diez minutos antes. Abre los ojos de forma consciente, tranquila, dale permiso y tiempo a tu alma a que se haga presente en tu día.
Agradece que estás vivo, que un día nuevo se abre y cosas inesperadas y bellas sucederán. Luego levántate y no pierdas esta conexión.
Has todo tranquilo, paso a paso. Toca el agua, el pan, mira tu casa, el sol, la mañana, y respira profundo. Respira la vida.
Bendice, todo lo bueno que te sucede.
Camina, mira, escucha, saborea y, toca conscientemente, agradece por cada cosa que eres capaz de hacer.
Saluda a tus hijos, amigos, vecinos, compañeros de trabajo de forma amorosa y consciente. Mira con amor a tu alrededor.
Transfórmalo todo en un ejercicio espiritual. Esto es poner conciencia cada día.
Conecta con tu Dios, con el ser superior que hay dentro de ti.
Todo lo que hagas, que sea de la mejor forma posible, dirige tu vida.
Piensa positivamente, usa tu entendimiento espiritual para mejorar.
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