viernes, 19 de abril de 2024

LA CONEXIÓN DEL ESPÍRITU Y LAS PLANTAS.

 Las Escrituras utilizan las plantas como metáforas del crecimiento espiritual. 

Enseñan acerca de sembrar y nutrir una semilla en nuestro corazón.

Jesucristo, por ejemplo, comparó las semillas con la palabra de Dios.


¡Tú puedes dar vida a estas parábolas al nutrir tu propia planta!. Cuidar de una planta viva y en crecimiento es una excelente manera de honrar a las creaciones de Dios y, al mismo tiempo, aprender cosas buenas.

Si eres nuevo en esto de las plantas, escoge una de tu zona que sea fácil de cuidar. (Piensa en cactus, suculentas, helechos o plantas cinta, etc.). Luego piensa en estas conexiones espirituales mientras la cuidas cada día:


1. Aprende a cuidar tu planta.

Conexión: ¿Dónde puedes obtener información confiable sobre la mejor manera de cuidar tu cuerpo y tu espíritu?

2. Asegúrate de que tu planta reciba la cantidad correcta de luz.

Conexión: ¿Qué tipo de luz necesita tu cuerpo? (Piensa en la luz del sol). ¿Qué clase de luz necesita tu espíritu? (Piensa en la luz de Cristo).

3. Dale a tu planta la cantidad correcta de agua.

Conexión: ¿Por qué es importante el agua para tu cuerpo? ¿Por qué es importante Jesucristo, el Agua Viva, para tu alma?.


Al igual que tu testimonio, cultivar una planta requiere tiempo; pero con un poco de paciencia y mucho amor, ¡ambos pueden florecer y llegar a ser algo hermoso!

Crecer juntos

Mientras siembras tu semilla y la ayudas a crecer, establece una meta que pueda ayudarte a crecer más saludablemente también. Podría ser algo que nutra tu espíritu o que origine un mejor hábito físico. Cada vez que cuides de tu semilla, ¡comprueba cómo vas con tu meta!.


viernes, 12 de abril de 2024

COMENZAR DE NUEVO CON CRISTO JESÚS.

 Como creyentes, nuestro deseo es tener una relación íntima con Dios. Cualquiera que haya sido nuestra experiencia el año pasado, le damos gracias al Señor que podemos darnos de una manera fresca a ir en pos de Cristo diariamente .

Si usted desea aprender a apreciar más a Cristo, lea la Biblia frecuentemente y en oración .


Para tener una relación íntima con el Señor Jesús, es esencial que le amemos, y nuestro amor y apreciación por Él resulta de conocerle a Él y saber lo que Él ha hecho por nosotros. Mientras más le conocemos al leer Su Palabra, más le amamos. 

Podemos comenzar pidiendole al  Señor que renueve nuestro amor por Él y nos dé un anhelo profundo por Él en Su Palabra a fin de que sólo podamos estar satisfechos hasta que le encontremos, miremos y lo sintamos en Su Palabra. 


Pasar tiempo con Él:

Sencillamente debemos pasar tiempo con Aquel a quien amamos. Nada puede sustituir que pasemos un tiempo dedicado a solas con Él, libre de las distracciones, especialmente temprano en la mañana. Al pasar tiempo con Él primero, antes de que nos envolvamos en los asuntos del día, le experimentaremos como el rocío que refresca en nuestra comunión con Él. Solamente al apartar un tiempo para pasar con Él, conoceremos a Cristo, creceremos en nuestra relación con Él y creceremos en Su vida.


Alimentarse de Él en Su Palabra:

El ‘buen alimento’ es…el alimento que procede de la Palabra de Dios, porque de igual manera que el alimento fortalece los tejidos de nuestro cuerpo, repara los desperdicios y preserva nuestra salud, así es la Palabra de Dios, el alimento perfecto del alma.

La Biblia es nuestro alimento espiritual. En Jeremías 15:16 el profeta dijo: “Fueron halladas Tus palabras, y yo las comí; y Tu palabra me fue por alegría y por gozo de mi corazón”. Debemos acudir hambrientos a la Palabra a diario a fin de gustar y disfrutar a Dios, comer y beber de Él, y ser nutridos y satisfechos por Él. Alimentarnos de Su Palabra de esta manera imparte Su vida en nosotros. Si no tenemos el apetito por Dios en Su Palabra, podemos sencillamente pedirle que nos lo dé.


Permanecer en las porciones pequeñas:

Toda lectura debe ser acompañada con meditación y oración. Lea un poco, ore y medite más.

A menudo tratamos de leer mucho a la vez o leemos la Palabra de Dios demasiado rápido. Esta no es una manera saludable de asimilar la Palabra; de igual manera, cuando consumimos muy rápido un platillo enorme, esto no es muy saludable para nosotros físicamente. Al igual que con el alimento físico, es mejor consumir espiritualmente una porción pequeña e incluso masticarla y digerirla por medio de la oración. Cuando masticamos la Palabra de esta manera, nos nutre y se queda con nosotros todo el día.


Leer la Palabra acompañada con la oración:

La conexión vital entre la palabra y la oración es una de las lecciones más sencillas y una de las primeras de la vida cristiana.

Nuestro tiempo con el Señor en Su Palabra debe estar lleno de oraciones conversacionales y de la lectura en voz alta de las Escrituras. Mientras leemos, podemos orar la Palabra, a tal punto que la Palabra se convierta en nuestra oración. De esta manera, hablar las Escrituras se convierte en nuestra oración a Dios y leer se convierte en poder escucharlo a Él.


Enfocarse en contactarlo a Él y no en llevar a cabo un deber:

Lo primero que debe preocuparnos no tiene que ver con cuánto debemos servir al Señor o cuánto debemos glorificar al Señor, sino cómo debe nuestra alma permanecer en un estado de alegría y cómo nuestro ser interior debe ser nutrido.

En vez de ser una rutina seca o un deber, nuestro tiempo con el Señor en Su Palabra debe ser un tiempo de deleitarnos en el Señor. Este tiempo debe lograr que nuestros corazones estén alegres en Él y debe provenir de nuestro deseo puro y único por Dios mismo. En vez de ir en busca del conocimiento bíblico o respuestas a nuestras oraciones, este tiempo debe ser para quedarse en Su presencia a fin de disfrutarle de manera íntima.


Que todos podamos tener un nuevo comienzo con el Señor y sigamos desarrollando una relación personal con Él al pasar tiempo con Él. Que todos podamos aprender a ser nutridos con la Palabra de forma más profunda y que podamos renovar y enriquecer nuestros tiempos diarios de comunión personal con Él.


HIDRATACIÓN ESPIRITUAL.

 La hidratación es esencial para la vida. Del mismo modo en que el agua física renueva nuestro cuerpo, necesitamos el agua espiritual que fl...