Para muchos es muy difícil aceptar su relación de amor con todos los seres humanos.
Esta separación es la causa de los males que aquejan al mundo, luchas y guerras.
Hay que empezar a corregir en ti mismo, y en tus relaciones personales con todos.
Deja de señalar con el dedo y de criticar a las almas con las que no te llevas bien.
Pon tu propia casa en orden. Mejora tú, sin necesidad de hacer pedazos a tus semejantes.
Ama, sé compasivo y deja de juzgar o señalar las faltas y defectos de otros.
Pon todas las cosas en orden en tu interior, y podrás ayudar a tus semejantes con tu ejemplo.
No con críticas o juicios. Ama a todos como Yo te amo. Ofrece tu ayuda, tu ánimo, y mira lo mejor en ellos.
La razón para soltar el egoísmo no es la culpa, es simplemente, porque es poco práctico y no funciona.
Es demasiado costoso. Consume demasiada energía y retrasa el cumplimiento de los objetivos.
Por su propia naturaleza, el pequeño yo, sin amor, es la fuente de egoísmo y los apegos.
Todos somos seres poderosos, pero nos hemos vuelto inconscientes de nuestro poder.
Lo hemos negado y proyectado en los demás por no amarnos y por la sensación de pequeñez.
Ámate mucho y cambiarás el egoísmo por altruismo.
Ama a Dios para que llene tu corazón.
Hay una distancia sideral entre saber y actuar. ¿De qué sirve saber sin practicar?
Sabes que comer sano es saludable, pero te llenas con comida chatarra. Así saber es inútil.
Algunos van de Taller en Taller y de libro en libro, pero no aplican lo que oyen o leen.
Elige amarte mucho para aplicar la información de amor y sabiduría en tu vida.
Acaso alguna vez has escuchado esta frase sabia: la práctica es la que hace al maestro.
Correcto. Entonces, para dejar de ser un aprendiz y convertirte en maestro, aplica lo que sabes.
Un sabio guía nos dejó esta buena enseñanza: “La práctica es el puente entre la intención y el logro”.
Ámate y cree que la práctica es la forma más efectiva de aprender, crecer y mejorar.
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