martes, 3 de diciembre de 2024

CAMINANTE MOCHILERO, LIBERANDO CARGAS.

 Cuando se lee el evangelio  desde la perspectiva de la vida nueva, el llamado de Jesús es asombroso.

Dejar las cargas de tantas cosas innecesarias es entrar en una dinámica distinta.

Pero liberar cuales cargas?.

Primero, de parte de los más cercanos, que se desviven por convencernos de que lo más importante es buscar una “seguridad económica” y un status social siguiendo lo que habían hecho todos durante generaciones. Oposición por parte de la institución que llama a la prudencia, a la tradición, y que sospecha de todo lo que pueda sonar a radical, de todo lo que es diferente. Oposición o más bien indiferencia por parte de la sociedad que juzga como absurda cualquier opción que no busque el beneficio propio.



La opinión de los demás sobre ese caminar es la primera carga de la que hay que dejar para seguir a Jesús; la opinión ajena no servía para nada.

Pero la invitación de Jesús va mas allá : despréndete de todo lo que no te permita viajar ligero de equipaje. Las personas que nos hemos mudado mucho de casa sabemos que hay cantidad de cosas de las que podemos prescindir; si siempre estás en el mismo lugar ni te das cuenta de todo lo acumulado… Cuando lo tienes que transportar entonces te quedas sólo con lo necesario que cada vez va siendo menos.


A veces nos aferramos a las palabras del evangelio y su exigencia nos suena más a carga que a otra cosa; pero luego vamos entendiendo  que el evangelio  no se refería a una bolsa, ni a una alforja, ni a unas sandalias… hasta los peregrinos necesitan cargar con lo mínimo para llegar a la meta. Andar ligero de equipaje es no acumular: sobre todo títulos, méritos, “medallas”, creyendo que es todo esto lo que te hace ser una persona valiosa, que la gente te quiera y te valore por lo que has  logrado en tu vida. Si no lo aprendemos a la primera vuelta siempre hay una segunda en lo que casi todo se cae y nos quedamos con lo esencial.

Al caminar de esta manera te das cuenta que lo que transmites sin darte cuenta es paz; esa paz que da el no desear más de lo que se tiene, esa paz de querer transmitir ese gran tesoro a los demás y que también lo puedan vivir así.


La llamada se va haciendo concreta, entrar en la vida de los otros, compartir el pan, buscar la sanación para quienes se sienten débiles y también saber dejar a aquellos que abiertamente rechazan el mensaje. No nos toca juzgar la calidad de la respuesta de los demás, sólo darlo gratuitamente sin “hacerle las cuentas a nadie”.

La libertad de cada persona para aceptar la Buena Nueva o rechazarla permanece intacta.

A medida que vamos haciendo camino se van purificando las intenciones, los motivos de la alegría. 

Este camino de ir “soltando” cargas es sin duda un aprendizaje fascinante en el que lo material solo juega una pequeña parte. Dejarlo todo para seguir a Jesús no es renuncia, sino cambio de visión, conversión a lo que es el centro de la predicación de Jesús: el Reino. Y a ese Reino solo se va entendiendo en la medida en que vamos caminando con Jesús. 

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