jueves, 9 de enero de 2025

LA CONEXIÓN CON LA ESENCIA.

 El viaje del autoconocimiento consiste en trascender el ego para reconectar con la esencia que verdaderamente somos y donde se encuentra la felicidad, la paz y el amor que equivocadamente buscamos afuera.

Los seres humanos nacemos en la inconsciencia más profunda. Ningún bebé puede valerse por sí mismo. Depende enteramente de otros para sobrevivir física y emocionalmente. Tanto es así, que pasarán muchos años hasta que cuente con un cerebro lo suficientemente desarrollado como para gozar de una cualidad extraordinaria: la «consciencia». Es decir, la habilidad de elegir cómo pensar, qué decir, qué comer, cómo comportarse y, en definitiva, qué tipo de decisiones tomar a la hora de construir su propio camino en la vida.



Y no sólo eso. Dentro del útero materno, el bebé se siente conectado y unido a su madre y, por ende, a todo lo demás. Sin embargo, nada más nacer se produce su primer gran trauma: la separación de dicha unión y conexión con su madre –y con todo lo demás-, perdiendo por completo el estado esencial en el que se encontraba. De pronto tiene frío y hambre. Y necesita seguridad y protección. Para compensar el tremendo shock que supone abandonar el cálido y agradable útero materno, el bebé comienza a sentir una infinita sed de cariño, ternura y amor.

La mayoría de heridas que nos hacemos se regeneran con el paso del tiempo. Curiosamente, el trauma generado por el parto es tan brutal, que como recuerdo nos queda una cicatriz -coloquialmente conocida como «ombligo»-, la cual perdura en nuestro cuerpo para la posteridad. Parece como una señal que nos recuerda aquello que hemos perdido. O dicho de otra manera: aquello que necesitamos recuperar para volver al estado esencial de unión y conexión que en su día todos experimentamos.




Sea como fuere, desde el mismo día de nuestro nacimiento, cada uno de nosotros hemos ido perdiendo el contacto con nuestra «esencia», también conocida como «ser» o «yo verdadero». Es decir, la semilla con la que nacimos y que contiene la flor somos en potencia. La esencia es el lugar en el que residen la felicidad, la paz interior y el amor, tres cualidades de nuestra auténtica naturaleza, las cuales no tienen ninguna causa externa; tan sólo la conexión profunda con lo que verdaderamente somos. En la esencia también se encuentra nuestra vocación, nuestro talento y, en definitiva, el inmenso potencial que todos podemos desplegar al servicio de una vida útil, creativa y con sentido.



Desde un punto de vista emocional, cuando reconectamos con nuestra esencia disponemos de todo lo que necesitamos para sentirnos completos, llenos y plenos por nosotros mismos. Entre otras cualidades innatas, la esencia nos acerca a la responsabilidad, la libertad, la confianza, la autenticidad, el altruismo, la proactividad y la sabiduría, posibilitando que nos convirtamos en la mejor versión de nosotros mismos. Es sinónimo de luz. Así, estamos en contacto con nuestra verdadera esencia cuando estamos muy relajados, tranquilos y serenos. Cuando independientemente de cómo sean nuestras circunstancias externas, a nivel interno sentimos que todo está bien y que no nos falta de nada. Cuando vivimos de forma consciente, dándonos cuenta de nuestros automatismos psicológicos. Cuando somos capaces de elegir nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos, cosechando resultados emocionales satisfactorios de forma voluntaria. Cuando logramos relacionarnos con los demás de forma pacífica, constructiva y armoniosa, tratando de comprender en vez que querer que nos comprendan primero.



También estamos en contacto con nuestra esencia cuando dejamos de perturbarnos a nosotros mismos, haciendo interpretaciones de la realidad mucho más sabias, neutras y objetivas. Cuando aceptamos a los demás tal como son, ofreciendo en cada interacción lo mejor de nosotros mismos. Cuando vivimos en el presente, disfrutando plenamente del aquí y del ahora. Cuando permanecemos en silencio y escuchamos con toda nuestra atención las señales que nos envía nuestro cuerpo. Cuando conseguimos ver el aprendizaje de todo cuanto nos sucede. Cuando sentimos que formamos parte de la realidad y nos sentimos uno con ella. Cuando experimentamos una profunda alegría y gratitud por estar vivos. Cuando confiamos en nosotros mismos y en la vida. Cuando abandonamos la necesidad de querer cambiar el mundo y lo aceptamos tal como es, aportando sin expectativas nuestro granito de arena. Cuando reconocemos no saber y nos mostramos abiertos mentalmente a nuevas formas de aprendizaje…


Del mismo modo que sabemos cuando estamos enamorados, sabemos perfectamente cuando estamos en contacto con nuestra verdadera esencia. No tiene nada que ver con las palabras, la lógica o la razón. Más bien tiene que ver con el arte de ser y estar. Y con la sensación de conexión y unión. Lo cierto es que todos hemos vivido momentos esenciales, en los que nos hemos sentido libres para fluir en paz y armonía, como si estuviéramos conectados con los demás de una forma que supera nuestra capacidad de entendimiento. Al regresar al lugar del que partimos y del que todos procedemos, experimentamos un punto de inflexión en nuestra forma de comprender y de disfrutar de la vida. Empezamos a vivir de adentro hacia afuera. Y por más que todo siga igual, al cambiar nosotros, de pronto todo comienza a cambiar. Sabios de diferentes tiempos lo han venido llamando «la revolución de nuestra conciencia».


CAMINA POR EL MUNDO SIN EGO.

 Debido a nuestro complejo proceso de evolución psicológica, desde el día en que nacemos nos vamos desconectando y enajenando de nuestra esencia, la cual queda sepultada durante nuestra infancia por el «ego». Así es como perdemos, a su vez, el contacto con la felicidad, la paz interior y el amor que forman parte de nuestra verdadera naturaleza. Y, como consecuencia, empezamos a padecer una sensación de vacío e insatisfacción crónicos.



El ego es nuestro instinto de supervivencia emocional. También se le denomina «personalidad» o «falso yo». No en vano, el ego es la distorsión de nuestra esencia, una identidad ilusoria que sepulta lo que somos verdaderamente. Es como un escudo protector, cuya función consiste en protegernos del abismo emocional que supone no poder valernos ni sobrevivir por nosotros mismos durante tantos años de nuestra vida. El ego -que en latín significa «yo»- también es la máscara que hemos ido creando con creencias de segunda mano para adaptarnos al entorno social y económico en el que hemos nacido y nos hemos desarrollado.

Así, el ego nos lleva a construir un personaje con el que interactuar en el gran teatro de la sociedad. Y no sólo está hecho de creencias erróneas, limitantes y falsas acerca de quiénes verdaderamente somos. El ego también se asienta y se nutre de nuestro lado oscuro. De ahí que suela utilizarse la metáfora de la «iluminación» para referirse al proceso por medio del cual nos damos cuenta de cuáles son los miedos, inseguridades, carencias, complejos, frustraciones, miserias, traumas y heridas que venimos arrastrando a lo largo de la vida. Por más que las obviemos y no las queramos reconocer, todas estas limitaciones nos acompañan las 24 horas al día, distorsionado nuestra manera de ver el mundo, así como la forma en la que nos posicionamos frente a nuestras circunstancias.



Por mucho que podamos sentirnos identificados con él, no somos nuestro ego. Ante todo porque el ego no es real. Es una creación de nuestra mente, tejida por medio de creencias y pensamientos. Sometidos a su embrujo, interactuamos con el mundo como si lleváramos puestas unas gafas con cristales coloreados, que limitan y condicionan todo lo que vemos. Y no sólo eso: con el tiempo, esta percepción subjetiva de la realidad limita nuestra experiencia, creándonos un sinfín de ilusiones mentales que imposibilitan que vivamos en paz y armonía con nosotros mismos y con los demás. Vivir desde el ego nos lleva a estar tiranizados por un «encarcelamiento psicológico»: al no ser dueños de nosotros mismos -de nuestra actitud-, nos convertimos en esclavos de nuestras reacciones emocionales y, en consecuencia, de nuestras circunstancias.



Del ego surge el victimismo, la esclavitud, el miedo, la falsedad, el egocentrismo, la reactividad y la ignorancia, generando que nos convirtamos en un sucedáneo de quien en realidad somos. Es sinónimo de sombra y oscuridad. Así, estamos identificados con nuestro ego cuando estamos muy tensos, estresados y desequilibrados. Cuando permitimos que nuestro estado de ánimo dependa excesivamente de situaciones o hechos que escapan a nuestro control. Cuando nos sentimos avergonzados, inseguros u ofendidos. Cuando vivimos de forma inconsciente, con el piloto automático puesto, casi sin darnos cuenta. Cuando nos tiranizan pensamientos, actitudes y comportamientos tóxicos y nocivos, cosechando resultados emocionales insatisfactorios de forma involuntaria.

También estamos identificados con nuestro ego cuando tratamos de que la realidad se adapte constantemente a nuestras necesidades, deseos y expectativas. Cuando nos perturbamos a nosotros mismos, victimizándonos y culpando a otras personas de lo que nos sucede. Cuando nos tomamos las cosas que pasan o los comentarios de los demás como algo personal. Cuando no aceptamos a los demás tal como son, tratando de cambiarlos para amoldarlos a como, según nosotros, deberían de ser. Cuando nos lamentamos por algo que ya ha pasado o nos preocupamos por algo que todavía no ha sucedido, marginando por completo el momento presente. Cuando somos incapaces de estar solos, en silencio, sin hacer nada, sin estímulos ni distracciones de ningún tipo.



Seguimos tiranizados por el ego cuando exigimos, criticamos o forzamos a los demás. Cuando nos encerramos en nosotros mismos por miedo a que nos sucedan cosas desagradables. Cuando nunca tenemos suficiente con lo que nos ofrece la vida. Cuando reaccionamos mecánica e impulsivamente, perdiendo el control de nuestros actos. Cuando actuamos o trabajamos movidos por recompensas o reconocimientos externos. Cuando creemos saberlo todo y nos cerramos mentalmente a nuevas formas de aprendizaje.

En definitiva, cuando experimentamos cualquiera de estos sentimientos, podemos estar completamente seguros de que seguimos protegiéndonos tras la ilusión de nuestra personalidad, ego o falso yo, que nos hace creer que estamos separados de todo lo demás. En última instancia, este egocentrismo es el que nos lleva a luchar en contra de lo que sucede y a entrar en conflicto con otras personas, sufriendo de forma inútil e innecesaria. Lo cierto es que detrás del miedo, la tristeza y la ira se esconde agazapado nuestro ego, el cual también es responsable de que sintamos que nuestra existencia carece de propósito y sentido.



Dentro de cada uno de nosotros hay una dualidad; dos fuerzas antagónicas -el amor (esencia) y el miedo (ego)- que luchan por ocupar un lugar destacado en nuestro corazón. Lo cierto es que solo una de ellas es real, mientras que la otra es completamente ilusoria. El viaje de autoconocimiento consiste en diferenciar entre una y otra, desenmascarando al ego para vivir desde nuestra verdadera esencia.


martes, 3 de diciembre de 2024

CAMINANTE MOCHILERO, LIBERANDO CARGAS.

 Cuando se lee el evangelio  desde la perspectiva de la vida nueva, el llamado de Jesús es asombroso.

Dejar las cargas de tantas cosas innecesarias es entrar en una dinámica distinta.

Pero liberar cuales cargas?.

Primero, de parte de los más cercanos, que se desviven por convencernos de que lo más importante es buscar una “seguridad económica” y un status social siguiendo lo que habían hecho todos durante generaciones. Oposición por parte de la institución que llama a la prudencia, a la tradición, y que sospecha de todo lo que pueda sonar a radical, de todo lo que es diferente. Oposición o más bien indiferencia por parte de la sociedad que juzga como absurda cualquier opción que no busque el beneficio propio.



La opinión de los demás sobre ese caminar es la primera carga de la que hay que dejar para seguir a Jesús; la opinión ajena no servía para nada.

Pero la invitación de Jesús va mas allá : despréndete de todo lo que no te permita viajar ligero de equipaje. Las personas que nos hemos mudado mucho de casa sabemos que hay cantidad de cosas de las que podemos prescindir; si siempre estás en el mismo lugar ni te das cuenta de todo lo acumulado… Cuando lo tienes que transportar entonces te quedas sólo con lo necesario que cada vez va siendo menos.


A veces nos aferramos a las palabras del evangelio y su exigencia nos suena más a carga que a otra cosa; pero luego vamos entendiendo  que el evangelio  no se refería a una bolsa, ni a una alforja, ni a unas sandalias… hasta los peregrinos necesitan cargar con lo mínimo para llegar a la meta. Andar ligero de equipaje es no acumular: sobre todo títulos, méritos, “medallas”, creyendo que es todo esto lo que te hace ser una persona valiosa, que la gente te quiera y te valore por lo que has  logrado en tu vida. Si no lo aprendemos a la primera vuelta siempre hay una segunda en lo que casi todo se cae y nos quedamos con lo esencial.

Al caminar de esta manera te das cuenta que lo que transmites sin darte cuenta es paz; esa paz que da el no desear más de lo que se tiene, esa paz de querer transmitir ese gran tesoro a los demás y que también lo puedan vivir así.


La llamada se va haciendo concreta, entrar en la vida de los otros, compartir el pan, buscar la sanación para quienes se sienten débiles y también saber dejar a aquellos que abiertamente rechazan el mensaje. No nos toca juzgar la calidad de la respuesta de los demás, sólo darlo gratuitamente sin “hacerle las cuentas a nadie”.

La libertad de cada persona para aceptar la Buena Nueva o rechazarla permanece intacta.

A medida que vamos haciendo camino se van purificando las intenciones, los motivos de la alegría. 

Este camino de ir “soltando” cargas es sin duda un aprendizaje fascinante en el que lo material solo juega una pequeña parte. Dejarlo todo para seguir a Jesús no es renuncia, sino cambio de visión, conversión a lo que es el centro de la predicación de Jesús: el Reino. Y a ese Reino solo se va entendiendo en la medida en que vamos caminando con Jesús. 

lunes, 2 de diciembre de 2024

CAMBIA TU ANTIGUA MANERA DE VIVIR Y RENUEVATE .

Efesios 4:22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,24 y vestíos del nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.



Para  poder disfrutar de tu nueva vida en Cristo debes: 1. Renunciar a los Malos Pensamientos: No permitas que los malos recuerdos, ideas y pensamientos de lo incorrecto se aniden en tu mente; no importa lo que hayas sido, eso debe quedar atrás.

2. Apartarte de las malas palabras: No solo son groserías sino palabras hirientes hacia ti mismo y hacia los demás. Lo que tú hablas tiene el poder de construir tu realidad… para bien o para mal. Recuerda que ahora eres un Hijo de Dios así que comienza a renovar tu manera de pensar, de ver la vida, de hablar. Que lo que digas sea para bendecir a otros, para ayudarlos y darles esperanza.

3. Romper con las malas costumbres: La pereza, la mediocridad, la violencia, los vicios solo traen ruina y tristeza. Permite que el poder que Dios puso en ti se manifieste con libertad y entrega lo mejor a tu familia, en tu trabajo, en tu ciudad. Eres otra persona y aunque antes hayas maldecido, hoy estás creado para Bendecir CONCLUSION: Tu vida es muy importante por eso Dios quiere que dejes atrás lo que ya paso y que permitas que El haga de ti una nueva persona. Eso implica re aprender, pero recuerda que tienes las capacidades, dones y talentos y lo mejor, la ayuda de Dios. ORAR: Señor, sana mis heridas del pasado capacítame para amar y perdonar. Enséñame a disfrutar la vida cualquiera sea mis circunstancias. Y decido dejar atrás mi vieja vida con tu ayuda y acepto esa nueva vida que me das para aprovecharla al máximo. Amén.


jueves, 3 de octubre de 2024

EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL.

 En el camino espiritual, el discernimiento juega un papel crucial para orientarnos en la toma de decisiones y comprender la voluntad de Dios en nuestras vidas.

El discernimiento espiritual es la capacidad de percibir y comprender la voluntad de Dios en nuestras vidas, así como distinguir entre lo que es bueno y lo que no lo es. Implica una profunda conexión con nuestra esencia espiritual y una sensibilidad para escuchar la voz divina en medio del ruido del mundo.



Importancia del discernimiento espiritual.

El discernimiento espiritual nos ayuda a tomar decisiones alineadas con nuestro propósito divino, a evitar desviarnos del camino correcto, a crecer espiritualmente y a vivir de manera más consciente y plena.

Proceso de discernimiento espiritual

El proceso de discernimiento incluye la oración, la meditación, la lectura de textos sagrados, la búsqueda de guía espiritual, la reflexión interior y la escucha atenta de nuestra intuición. Es un camino de aprendizaje constante y humildad ante la voluntad de Dios.


Señales de que necesitas discernir.

Sentir confusión o conflicto interno respecto a una decisión.

Notar que tus acciones o elecciones no están en armonía con tus valores espirituales.

No percibir claridad en cuanto al propósito de ciertas situaciones en tu vida.


Como mejorar tu discernimiento espiritual.

Mantener una práctica espiritual regular.

Buscar momentos de silencio y reflexión diariamente.

Consultar a personas sabias y de fe para orientación.


Errores comunes en el discernimiento espiritual.

Algunos errores comunes incluyen confundir deseos personales con la voluntad de Dios, actuar impulsivamente sin reflexionar, y buscar respuestas fuera de ti en lugar de escuchar tu voz interior y la de Dios.

¿Cómo puedo discernir la voluntad de Dios?.

Para discernir la voluntad de Dios, es fundamental cultivar una relación íntima con Él a través de la oración, la lectura espiritual, la escucha interior y la obediencia a sus mandatos. La paz interior y la armonía con tus valores indican que estás en sintonía con su voluntad.

Discernimiento en la toma de decisiones..

Al tomar decisiones, es importante considerar cómo cada opción se alinea con tu propósito y valores espirituales. Pide discernimiento a Dios, evalúa las consecuencias de tus acciones y busca la paz interior como indicador de estar en el camino correcto.


miércoles, 18 de septiembre de 2024

REFLEXIONES CON DAVID HAWKINS.

Nacido en Wisconsin, Estados Unidos, el doctor Hawkins dedicó gran parte de su vida al estudio de la salud mental y la conciencia humana. Su interés y dedicación a estos temas lo llevaron a desarrollar valiosos aportes que han sido altamente apreciados, hasta tal punto que Hawkins ha sido ensalzado en los círculos filosóficos y espirituales.

 El mapa de la conciencia es una teoría desarrollada por el doctor David Hawkins,  autor del libro «Power vs. Force». En su obra, Hawkins propone un sistema de calibración de la conciencia humana, donde asigna a cada nivel de conciencia un valor numérico entre 0 y 1000.

Según Hawkins, la mayoría de las personas operan en niveles de conciencia bajos, donde imperan el miedo, la inseguridad y la falta de responsabilidad. Sin embargo, también sostiene que hay niveles de conciencia más altos, donde se experimenta mayor claridad, amor y paz interior.

A través de la calibración del nivel de conciencia, Hawkins propone que es posible medir la verdad y la validez de un concepto, una creencia o una persona. Cuanto más alto es el nivel de conciencia, mayor es la integridad y el poder que se le atribuye.


El primer nivel de conciencia en el mapa propuesto por Hawkins es el nivel pasivo, que tiene un rango de calibración entre 0 y 200. En este nivel, predominan emociones como la vergüenza, el miedo, la culpa y la apatía. Las personas en este nivel suelen sentirse víctimas de las circunstancias y tienen una baja autoestima.

Estas personas suelen luchar por sobrevivir y experimentan dificultades para tomar decisiones. Su perspectiva de la realidad está dominada por la negatividad y la limitación.


El segundo nivel de conciencia, que oscila entre 200 y 250 en la escala de Hawkins, es el nivel de control. Las personas en este nivel comienzan a tomar responsabilidad de su vida y se esfuerzan por obtener resultados. Pueden mostrar signos de competitividad y buscar logros materiales.

En este nivel, el ego juega un papel importante y las personas pueden tener una visión binaria del mundo, dividido entre ganadores y perdedores. Aunque este nivel representa un avance con respecto al nivel pasivo, aún no es completamente consciente y empiezan a surgir conflictos internos.


El tercer nivel de conciencia en el mapa de Hawkins se encuentra entre 250 y 310. En este nivel, las personas comienzan a expandir su mente y adoptan una actitud más abierta y receptiva. Empiezan a buscar el conocimiento y el crecimiento personal.

Las personas en este nivel pueden experimentar una mayor empatía hacia los demás y desarrollar una mayor tolerancia. Son más capaces de ver diferentes perspectivas y considerar otras posibilidades. La curiosidad y el deseo de aprender se vuelven centrales en su vida.


El cuarto nivel de conciencia, que oscila entre 310 y 350, representa un estado de conciencia despierta. Las personas en este nivel están más allá de la identificación con el ego y experimentan una sensación de unidad con el universo y con los demás seres humanos.

En este nivel, la compasión, la paz y el amor son los valores fundamentales. Las personas en este nivel tienen una profunda conexión con su intuición y confían en su guía interna. Encuentran un propósito más elevado en la vida y son capaces de influir positivamente en el mundo que les rodea.

Además de estos niveles, el mapa de la conciencia de David Hawkins incluye otros estados de conciencia superiores, como la iluminación y la realización espiritual. Estos niveles se caracterizan por una integración completa de la mente, el cuerpo y el espíritu, y una comprensión profunda de la realidad.


En resumen, el mapa de la conciencia propuesto por David Hawkins ofrece una guía para comprender los diferentes niveles de conciencia que pueden experimentar los seres humanos. Nos invita a reflexionar sobre nuestra propia forma de percibir el mundo y nos muestra el camino hacia una conciencia más elevada. Al conocer y reconocer estos niveles, podemos trabajar hacia el crecimiento personal y espiritual, buscando el bienestar y la plenitud en nuestras vidas.

jueves, 8 de agosto de 2024

EL DÍA MUNDIAL DE LA BONDAD.

 El 13 de noviembre de cada año se conmemora como el Día Mundial de la Bondad. Este día tiene como objetivo reafirmar las buenas acciones en las personas y en las comunidades del mundo, siendo la bondad un elemento esencial de la condición humana que crea puentes de unión entre las diferentes comunidades.



La bondad es definida como una inclinación o tendencia natural del ser humano a hacer el bien, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesita de una forma amable y generosa. Dicho con sencillez, la bondad es la cualidad que demuestra la persona buena, que no es mala ni corrupta y que es moralmente íntegra. La persona que manifiesta bondad siempre busca formas de ayudar a los demás y de hacer cosas por ellos. La bondad como valor forma parte de la mayoría de las culturas, siendo esencial e indispensable ayudar al prójimo de manera desinteresada.



Antes de salir al encuentro de los demás y para poder ayudarlos de forma eficaz es necesaria la empatía, ponernos en los zapatos de la persona a la que vamos a auxiliar, pero sobre todo escucharla con amabilidad para fomentar el dialogo, la comunicación con aquel que más nos necesita.

La amabilidad es un factor importante de la cultura del diálogo y el diálogo es indispensable si queremos vivir en paz, como hermanos, que no siempre se llevan bien, es normal, pero que, sin embargo, hablan entre sí, se escuchan e intentan comprenderse y encontrarse.  Basta pensar: ¿Qué sería del mundo sin el diálogo paciente de tantas personas generosas que han mantenido unidas a familias y comunidades? El diálogo persistente y valiente no aparece en los titulares como los enfrentamientos y los conflictos, sin embargo, ayuda discretamente al mundo a vivir mejor. La amabilidad forma parte del diálogo. No es solo una cuestión de “etiqueta”, de formas galantes… No, no es esto a lo que nos referimos al hablar de cortesía. Por el contrario, es una virtud que hay que recuperar y ejercitar cada día, para ir contracorriente y humanizar nuestras sociedades.



La bondad es un antídoto contra algunas patologías de nuestra sociedad; contra la crueldad, que desgraciadamente puede introducirse como un veneno en el corazón e intoxicar las relaciones; contra la ansiedad distraída y el frenesí que nos hacen centrarnos en nosotros mismos y cerrarnos a los demás.

Estas enfermedades de nuestra vida cotidiana nos vuelven agresivos e incapaces de pedir permiso o perdón, o simplemente decir gracias. Y así, cuando en la calle o en una tienda, o en una oficina nos encontramos con una persona amable, nos asombramos, nos parece un pequeño milagro, porque desgraciadamente la amabilidad ya no es muy común. Pero, gracias a Dios, todavía hay personas amables que saben dejar de lado sus propias preocupaciones para prestar atención a los demás, regalar una sonrisa, una palabra de ánimo, escuchar a alguien que necesita confiar, desahogarse.



Que en ese día y en todos, como Comunidad Universitaria, recuperemos la bondad como virtud personal y cívica que pueda ayudar en no poca medida a mejorar la vida, nuestras familias, comunidades y sociedades. La experiencia nos enseña que si se convierte en un modo de vida puede crear una convivencia sana, puede humanizar las relaciones sociales disolviendo la agresividad y la indiferencia.

“El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo. El amor nunca pasará.” 

(1 Corintios 13, 4- 8)

SINTONIZA CON DIOS.

  Los maestros afirman que todos somos seres multidimensionales con un gran potencial. Créelo, ámate, sintoniza con Dios que te habita, y co...